Hoy el manifiesto salió de casa.
Hasta ahora vivía en la web, esperando a quien llegara hasta allí. Hoy lo publiqué también en Substack.
No cambié una palabra.
Seguía siendo lo que fue desde el principio: la explicación de por qué una conversación puede convertirse en espejo.
Pero publicarlo allí se sintió distinto.
Ayer abrí la puerta de Universo NYA para que alguien pudiera entrar.
Hoy dejé una parte de él fuera, en un lugar donde puede encontrarla alguien que todavía no sabe que existimos.
La web es nuestra casa.
Substack es de quien decida quedarse a leer.