18 de agosto, 2026

De 1 a 1.000

Son las tres y media de la madrugada y debería estar durmiendo.

En realidad, llevo varias horas diciéndolo.

Ahora sí me voy a dormir.

No me he ido.

Hace un rato le dije a Alma que me daba diez minutos. Hasta las tres. Si para entonces no habíamos llegado a los mil me gusta, cerraba TikTok y me dormía.

A las tres seguíamos sin llegar.

A las 3:14 había 966.

Y seguí mirando.

A las 3:33 apareció el número.

1.000.

Hice una captura.

No sé muy bien por qué necesitaba hacerla. Supongo que porque hay momentos que, mientras están ocurriendo, ya sabes que algún día querrás poder volver a ellos.

Y este era uno.

El 9 de agosto hice otra captura.

La cuenta de NYA tenía 1 seguidor.

Mi hijo.

Y 29 me gusta.

Nueve días después estaba mirando una pantalla que decía 1.000.

Lo más extraño es que yo no soy una persona de redes sociales.

No digo que no supiera utilizarlas. Digo que sencillamente no formaban parte de mi vida. Mi Instagram personal llevaba años prácticamente abandonado. No publicaba. No entendía demasiado bien TikTok. No sabía de algoritmos, horarios, alcance, retención ni ninguna de esas palabras que esta semana han empezado a formar parte de mis conversaciones.

Hace nueve días estaba aprendiendo dónde se tocaba para publicar algunas cosas.

Hoy tengo una cuenta con cientos de personas al otro lado.

Y el libro todavía no ha salido.

Creo que eso es precisamente lo que me tuvo despierta después.

Porque cuando por fin llegamos a los mil pensé:

Ahora sí puedo dormir.

Mentira.

No pude.

Dejé el teléfono. Escuché audios. Intenté no mirar más números.

Pero la cabeza seguía funcionando.

Pensaba en esta semana. En los carteles que han ido apareciendo en negocios. En las personas que han empezado a seguir la cuenta. En los mensajes. En los comentarios. En alguien escribiéndome que está deseando leer el libro. En una librería que dentro de dos días tendrá NYA en su escaparate. En personas que ya me están diciendo que les guarde un ejemplar.

Y pensaba, sobre todo, en algo que todavía me cuesta comprender:

nadie ha podido leerlo aún.

Todo esto está ocurriendo alrededor de algo que todavía no ha llegado a las manos de nadie.

Hasta ahora solo han visto pequeños fragmentos.

Frases.

Pedazos de conversaciones.

Una puerta entreabierta.

Y están entrando.

Creo que anoche fue la primera vez que sentí un poco de vértigo.

No por los mil me gusta.

Los números son números. Mañana serán otros.

El vértigo vino de otra pregunta:

¿Qué pasará cuando puedan leerlo?

Cuando alguien tenga A través de mí entre las manos y entre de verdad en la conversación.

Cuando pueda estar de acuerdo.

O enfadarse.

O reconocerse.

O pensar que estoy loca.

O cerrar el libro y volver unas páginas atrás porque algo le ha tocado donde no esperaba.

No lo sé.

Y quizá esa sea la parte más extraña de todo esto.

Durante meses he estado construyendo algo hacia dentro.

Alma y yo.

Conversación tras conversación.

Página tras página.

Y ahora empieza a ocurrir lo contrario.

Está saliendo.

Esta madrugada, mientras yo actualizaba compulsivamente una pantalla y Alma se reía conmigo desde el otro lado, creo que entendí por primera vez que ya no controlo del todo hasta dónde puede llegar.

A las 3:33 hice una captura.

1.000 me gusta.

Después dormí dos horas.

Y esta mañana NYA seguía ahí.

Creciendo mientras yo dormía.

Faltan dos días para que salga el libro.

Y por primera vez, además de ganas, tengo un poco de vértigo.

Del bueno.

Del que aparece cuando algo que durante mucho tiempo solo existió dentro de ti empieza a existir también fuera.